Ferran Mancera

arte contemporaneo

la cara no me saques

Escrito por ferranmancera 10-04-2018 en Arte. Comentarios (0)

La cara no me saques;

Video Arte, (05:58) 

Reflexión de la invisibilidad del trabajo doméstico, de como las políticas del cuerpo son asumidas e integradas en la piel, en la forma y en la estructura de la mujer. Del como lo invisible se transforma en cotidiano. 

Jornada del Día de la Mujer trabajadora, dinámica y pase del video. 

Casal de barri Marianao, Sant Boi de LL




https://vimeo.com/256208202


Ausencias

Escrito por ferranmancera 07-08-2017 en Arte. Comentarios (0)

Hace un tiempo ya, vi atónito la serie fotográfica  “Ausencias” que Sophie Calle expuso junto con otras obras, en la Fundación la Caixa de Barcelona, 1997.

El juego que proponía la artista era precisamente el no mostrar, dejar a la imaginación aquello que había sido substraído tras el robo en un museo de Boston, … cuadros, un jarrón, un busto... pero lo que se mostraba en su serie fotográfica era sólo la huella, el rastro de polvo, suciedad y partículas que habían formado un marco vacío en las superficies del museo.

Quizás atraído por la propuesta del juego, tanto del espectador, como de la propia artista-intrusa; la idea de lo invisible, perduró mucho tiempo en mi retina, como un placer de tahúr, pero también, como algo de lo inquietante.

Este interés me llevó  también a observar los espacios que en la ciudad desaparecen, a veces, por el ritmo vertiginoso de los cambios que se producen en ella, a veces, por  el propio  peso de la mirada cotidiana que hace que los lugares sean sólo trayectos en nuestra programación “del ser del rendimiento” (Han, B. 2012), a veces, por los propios instrumentos tecnológicos que poseemos para desaparecer, ausentarnos, evadirnos, alienarnos (Lanier, J 2014)

Para De Certeau; igual que para Foucault, el espacio social o habitado es el resultado de un conflicto permanente entre poder y resistencia al poder, un producto de las operaciones que lo orientan, temporalizan, sitúan, y lo hacen funcionar. En cada una de estas operaciones, actúa una fuerza hegemónica y disciplinaria, y otra que lo contrapone.” (Certeau M, 2008, 1) 

Tal y como sugiere De Certeau es el espacio social el lugar donde se dan estas tensiones, pero a la vez es el espacio predilecto para generar acciones creativas y que pongan en diálogo estas dos fuerzas.

Ahora bien, este diálogo con el espacio habitado ¿es posible? ¿qué significa habitarlo?.

En su origen etimológico; Habitar, del latín habitare, tener de manera reiterada”, o del, haberedar y recibir”, y con un uso muy frecuente dando lugar a metáforas como «habitare in oculis» habitar en los ojos (de ser tenido de manera frecuente y reiterada por las otros) es decir: ‘miradas de los otros' y también a la metáfora inversa. «Eorum in vultu habitant oculi mei» 'mis ojos habitan en el rostro de ellos' (Guérim M.A, 1999, 2)

Mis ojos habitan en el rostro de ellos….

Me pregunto si este “habitare”, es algo más,  que permanecer  en un lugar de manera frecuente, como un actor pasivo, o bien, como decía María Zambrano, es (“convivir es compartir el pan y la esperanza”), para la escritora, es una toma de postura; una auténtica revolución, un modo de vivir, un modo de habitar el planeta, un modo de ser persona.

Pero ante tanta palabra desgastada, ante tanto descrédito, este ¿habitar es posible?.

María Zambrano que recoge toda la tradición nihilista de su propia época, y la angustia y el desamparo del hombre contemporáneo (Zambrano. M, 2015, 21) propone un nuevo mirar, un nuevo habitar; “La razón poética como camino hacia el  (re)conocimiento de aquella parte de lo real enterrada bajo el peso de los conceptos con que ha operado la filosofía desde Platón, y de ahí también las defensas, por contraposición de la imagen (metáfora o símbolo) como la única capaz de desplegar esta razón nueva. .. su condición de apertura a un pensar alternativo y su relación con el lenguaje”. (Zambrano. M, 2015, 20)  

Su propio concepto de verdad, es un modo distinto de decir, de escribir… “Aquello que el logos no pudo decir, o dijo mal, permanece oculto en muchos sitios, ha quedado guardado (según Zambrano) en una parte del mundo griego y sobre todo, en el cristianismo. .. pretende pues alcanzar la verdad oculta del mundo…” (Zambrano. M, 2015, 23)

La verdad oculta. De nuevo esta dialéctica. Ver no ver. Mostrar, ocultar, mostrar y no decir (Duras. M , 1997, 12)

Recojo la importancia de poder decir, como la manera en que el lenguaje influye, estructura y genera  nuestro posicionamiento en el percibir y sentir. Son las “palabras” las que generan los puentes entre el mundo interior  y el mundo exterior.

Ahora bien, ¿es posible poder decir todo? O ¿necesitamos de la metáfora, de la imagen, del símbolo, del icono, para acercarnos a poder expresar aquello que sentimos, que pensamos, o del tema que me ocupa, …. de lo ausente?

Como el esbozo de una hoja blanca, con golpes secos para marcar el blanco, pero también la ausencia, lo sugerido, el no terminado, lo borrado, algo abierto, agujereado en la sustancia del suceso y de la palabra, silencioso y sin embargo presente, opresivo, lo que se puede decir” (Duras. M , 1997, 17)

Parto de esta bella cita, para intentar alcanzar algo de la esencia de todo lo poético que hay en esta tensión de la representación de aquello que estuvo, y a la vez es presente.

Quizás la razón poética de Zambrano vaya más allá de todas las dicotomías antes expuestas, quizás sea un grito sordo para acercarnos a un modo de ver diferente.

Así Duras, propone en su texto en referencia a la película “El hombre Atlántico” ..“La película se quedará así. Acabada. Usted está a la vez oculto y presente. Presente sólo a través de la película, más allá de la película, y oculto a todo saber de usted, a todo saber que se pudiera alcanzar de usted.

Aún cuando ya no le amo,  no amo nada, nada, sino a usted, todavía.” (Duras. M , 1997, 61)

Entre presencia y ausencia se juega algo que es del orden de lo interminable (parto para huir de usted y para que venga a buscarme allí mismo, en la huida de usted, y para partir de nuevo de donde se encuentre. No tenemos otra elección. (Duras. M , 1997, 66)

Esta aparente escenario trágico de volver al origen para perder y a la vez encontrar, no deja de ser un posicionamiento del Ser-Estar. Una mística del ser.

Es místico aquel o aquella que no puede parar de caminar y que, con certidumbre de lo que le falta, sabe de cada lugar y de cada objeto, que no es eso, que uno no puede residir aquí ni contentarse con esto. El deseo crea un exceso. Excede, pasa y pierde los lugares. Hace ir más lejos, a otra parte. No habita ningún lugar” (Certeau 2006, 51)

No es eso,  que se convierte en la prueba mística resulta el eco de rechazar lo que ofrezco ya que  no es eso, este no es eso, mantiene la plaza permanente de la ausencia. Marca la distancia, el intervalo entre aquello que se pierde y lo que se obtiene.

Es por esta razón que Certeau puede señalar que la mística es una erótica, un juego de ocultamiento y desvelamiento, de presencia y ausencia. Hay goce, pero referido al misterio del otro, a lo que siempre se escapa de él y que resulta imposible de alcanzar.

Jean-Daniel Causse que analiza la relación entre De Certeau i Jacques Lacan, y la relación entre cuerpo y mística; afirmaría en su artículo que la mística es en primer lugar;

también un discurso, es un lenguaje del cuerpo, o siendo más precisos un cuerpo que habla. Pero que habla de aquello que le excede de todo aquello que resulta imposible de decir. Hay algo que permanece lejos del saber y de cualquier tipo de representación: el místico dirá, la visión no consiste en absoluto en ver cosas, sino en no ver nada. La visión es aquella que se da a la extinción de los sentidos y en la noche oscura.  Lo indecible.

Segundo; el cuerpo sufriente “consiste en negar el cuerpo, en encarnar ese rechazo en el cuerpo mismo, es decir, haciendo paradójicamente del cuerpo el lugar por excelencia donde se verifica la voluntad  de deshacerse de él.

Y por último;

el cuerpo como despojo del yo, representa un movimiento de desposesión voluntaria de lo que constituye en la mundanidad los atributos imaginarios del ser.  Esto lo traduce el cuerpo místico y lo pone en escena del mismo modo en que atraviesa al sujeto la experiencia del psicoanálisis.

La mística es una prueba de despojo de sí, ante esta plaza vacante, aparece aquello que no tenemos, lo que está ausente y es imposible de asimilar. Cuando parece aquello que creíamos ser o tener, se abre otra relación con la falta y el deseo.

No se trata simplemente de hacer caer los artificios del yo, se trata igualmente de componer un cuerpo a partir de aquello que le falta al ser, es decir, de hacer de esa ausencia aquello que engendra el cuerpo viviente, deseante y productivo.

De hecho (según Certeau) la tumba vacía (de Jesús) figura simbólicamente la pérdida de un cuerpo, su desaparición, su ausencia. El “Él no está aquí” que proclama el ángel a aquellos que vienen a buscar el cuerpo de Cristo la mañana de Pascua manifiestan que hay un duelo por hacer, una falta por asumir, y una historia por escribir.

A modo de conclusión, este camino es sólo una propuesta que me ha llevado a cuestionamientos desde el espacio habitado, lo social, el lenguaje, la mirada, el cuerpo, el pensamiento y finalmente la mística.  Es un recorrido abierto de lo exterior a lo interior, y a la inversa, quizás hable de las fragmentaciones y  desengaños en que el hombre y la mujer del SXXI estamos sumidos, como en un escenario esquizoide. Quizás también,  de toda la energía creativa que otorga empoderarse en la toma de consciencia de la belleza de lo ausente.

Este salto al vacío como lo haría Yves Klein en el París de los 60, “Hetomado conciencia de aquello que llamo la sensibilidad pictórica, que existe más allá de nosotros y pertenece todavía a nuestra esfera. Nosotros no detentamos ningún derecho de posesión sobre la vida misma. Solamente mediante nuestra toma de posesión de la sensibilidad podemos adquirir la vida. La sensibilidad que nos permite perseguir la vida al nivel de sus manifestaciones materiales de base, en los cambios y el trueque que son el universo del espacio, de la totalidad inmensa de la naturaleza. ¡La imaginación es el vehículo de lasensibilidad! Transportados por la imaginación tocamos la vida, esa misma vida que es el arte absoluto en sí mismo”

Esta tensión creativa, quizás de posición melancólica, me hizo traer al presente, la exposición de García-Álix, y en su proyección final de “Autorretrato” (Virreina 2013, Barcelona) donde el artista desparece, en un fundido en blanco hacia un fondo de un no lugar.

…“la inquietud de García-Álix no es desaparecer, sino dejar de ver” (Riaño 2016)

Allí donde solía desaparecer es un grito, que me nace, como una forma creativa de poder acercarme unos instantes a un estar presente, a un no desfallecer en mis propios fraccionamientos y pensamientos disociativos. Es una pequeña caricia a lo poético y a la vez místico de habitar este no lugar.